A veces me parece increíble cómo la vida te enseña a adaptarte a las cosas.
Yo he sido una persona incansable(e intento seguir siéndolo). He sido muy inquieta, no me ha gustado que las cosas sucedieran sin que yo tomara parte en ellas. He sido muy activa, resolutiva y muy, pero que muy independiente ¡cómo cambian las cosas! He tenido la suerte de tener un mundo interior muy rico y a ello ha contribuido, probablemente, mi afición por la lectura ¡mi gran vicio!… Yo era agente inmobiliaria y me gustaba ser muy puntual así que llegaba a las citas con algo de adelanto y esos minutos los dedicaba a leer el libro que, en ese momento, llevase en mi bolso. Ahora, cuando sé que me van a hospitalizar, me llevo un par de libros conmigo, por si, con algo de suerte, tengo fuerzas para leer. Es mi válvula de escape.
Uno de los últimos libros que he leido ha sido “En tus manos me encontraré” de Sonia Vidal, Licenciada en Medicina y Cirugía. Trata de una joven médico que aprueba el MIR en el sexto lugar y escoge “su” especialidad, aquella por la que ha trabajado tan duro, aquella que ha deseado ejercer desde que descubrió que quería pasar el resto de su vida dedicada a la medicina, su gran amor. Pero, de la mañana a la noche, pasa de ser doctora a paciente. Nadie esta exento a una enfermedad ¡ni los médicos!
El libro me ha hecho reflexionar lo duro que es estar en cualquier lado de la enfermedad. El dolor ya es duro con sólo nombrarlo pero personalizarlo en uno mismo es mucho peor. Algunos médicos no llegan a entender que la rigidez y la poca atención mata sin que el paciente haya muerto. Un gesto de complicidad, a veces, es una medicina muy eficaz. No sé si a vosotros os ha pasado, a mi me resulta curioso creer como, al agarrarme a las manos del médico o de la enfermera que tenga al lado, mi dolor se atenúa. Es como, en cierto modo, compartiera mi dolor.
Tras la enfermedad, nunca nada vuelve a ser igual. La filosofía Oriental dice “sólo cuando nos hartemos de nuestra enfermedad, dejaremos de estar enfermos”. Cómo se nota que quién lo dijo era una persona sana…
Lo que es cierto es que, la gente, nuestra gente, quiere vernos felices ¡no les ofrezcamos nuestro dolor!